SAN DIEGO — “Padre”.
Así es como ahora pueden llamar a Brian Frulla, Anthony Jiménez y Jesse López.
El obispo auxiliar Ramón Bejarano ordenó a los tres al sacerdocio durante una Misa celebrada el 14 de junio en la Parroquia Santa Teresa del Carmelo.
El próximo 1 de julio, los recién ordenados comenzarán sus primeros encargos como vicarios parroquiales.
El padre Frulla, de 28 años, ha sido asignado a la Parroquia Santa Teresa en Del Cerro; el padre Jiménez, de 43, servirá en la Parroquia San Juan de la Cruz en Lemon Grove; y el padre López, de 44, en la Parroquia San Marcos en San Marcos.
Durante su homilía, el obispo Bejarano comenzó con una anécdota con mucho sentido del humor:
“Hace algunos años, mientras saludaba a la gente al terminar la Misa, un niño de dos años corrió hacia mí y me abrazó de las piernas”, recordó. “Me miró y me preguntó: ‘¿Eres Dios?’”
El Obispo explicó que al principio se quedó confundido, hasta que los papás del niño le aclararon que esa mañana le habían dicho que irían a la iglesia a ver a Dios. Todo fue un inocente malentendido.
“No soy Dios, pero trabajo para Él”, le respondió el Obispo al pequeño, provocando risas entre la multitud que llenaba el templo.
Dirigiéndose ahora con seriedad a los tres diáconos transitorios que estaban por ser ordenados, así como a sus familiares y amigos reunidos para celebrar este gran día, el obispo Bejarano compartió la enseñanza profunda que dejó aquel momento.
“Claro que los sacerdotes no somos Dios”, reconoció. “Pero, por el don y el ministerio que se nos confía, debemos ser imagen del Dios amoroso ante el mundo”.
Hablando directamente a los “ordinandi”, como se les llama en latín a los candidatos al sacerdocio, les dijo:
“Hoy reciben y abrazan el sacerdocio ministerial de Cristo para pastorear, enseñar y santificar al pueblo que se les encomienda. No son ordenados solo para unos cuantos, sino para toda la Iglesia. Como decía el Papa Francisco: para ‘todos, todos, todos’”.
“Son embajadores de Cristo, llamados a llevar esperanza y reconciliación al mundo”.
Y les lanzó una pregunta:
“¿Cómo logramos esto?”
“Rindiéndonos a la gracia del Espíritu Santo y sirviendo con alegría y amor. En el Evangelio escuchamos cómo el corazón de Jesús se conmovió al ver a la multitud. Así también debe conmoverse su corazón cada vez que se encuentren con otro ser humano, sin importar su raza, condición social, historia personal o estilo de vida.
“Jesús siempre se encontraba con las personas ahí donde estaban. Tocó al leproso, habló con la samaritana, se reunió en secreto con Nicodemo, se sentó a la mesa con Mateo el recaudador, permitió que una mujer de mala reputación ungiera sus pies, y no arrojó ni una piedra contra la mujer adúltera”.
“Estén con las ovejas, y no teman oler a oveja,” continuó, retomando otra frase del querido Papa Francisco.
El obispo Bejarano también les dio un adelanto de lo que podría depararles el futuro como sacerdotes, y les ofreció un consejo desde su experiencia personal:
“En su vida sacerdotal habrá momentos de decepción, de soledad, de cansancio o confusión”, dijo. “Pero siempre recuerden mirar a Jesús. A veces, solo decir su nombre ya es una poderosa oración”.
También compartió que lleva un crucifijo colgado del retrovisor de su coche, y que cada vez que se voltea, él lo acomoda de nuevo hacia él y le dice: “Jesús, no mires para allá. Necesito que me veas a mí”.
El Obispo también resaltó la importancia de la “fraternidad”, recordándoles que comparten “un mismo espíritu y ministerio con sus hermanos sacerdotes”.
Los animó también a cultivar una relación cercana con la Virgen María.
“Estén cerca de María, madre de los sacerdotes”, dijo. “Ella es nuestro modelo de discipulado. Y se los digo por experiencia propia: ella los mantendrá protegidos en el corazón de su Hijo Jesús”.
Después de la Misa, los nuevos sacerdotes se dirigieron al salón parroquial, donde familiares y amigos hicieron fila para recibir una de las primeras bendiciones que cada uno de ellos daría a lo largo de su ministerio.
El padre Michael J. Sinor fue el director espiritual de los tres durante los últimos cinco años de preparación en el Centro de Formación Sacerdotal San Francisco. Al terminar la celebración, reflexionó sobre el momento vivido y el camino recorrido junto a ellos.
“Para mí, esto fue hermoso en muchos sentidos”, expresó.
El padre Sinor dijo que cada uno de los nuevos sacerdotes “tiene muchos dones. Estos muchachos tienen pasión, bondad… irradian a Jesús”.
“Fui bendecido por poder caminar junto a ellos en su decisión de entregar su vida a Dios y al Pueblo de Dios”, añadió.
Se mostró sorprendido al ver la cantidad de personas que llenaron cada banca, e incluso se colocaron hombro con hombro en la parte de atrás del templo.
“Todo este grupo tan diverso de personas, reunidas con un mismo corazón para esta celebración… fue realmente algo especial”.
El padre Sinor se retira este año tras 37 años de ministerio. Fue ordenado en 1988 y, dos años después, fue asignado al seminario diocesano, donde sirvió como director espiritual por cinco años. Después ejerció en varias parroquias antes de regresar al seminario, donde ha trabajado los últimos siete años.
Sobre esta última etapa, dijo simplemente:
“Disfruté muchísimo esta misión”.
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