Documento del Papa Promueve la Vida Humana en Era de IA

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El papa León XIV firma su primera encíclica, "Magnifica Humanitas: Sobre la salvaguarda de la persona humana en la era de la inteligencia artificial", en la biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, el 15 de mayo de 2026. (Foto por Vatican Media)

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Por Carol Glatz

CIUDAD DEL VATICANO — En un momento en que las tecnologías digitales se desarrollan a un ritmo rápido e impredecible, cada persona debe decidir si será: un espectador pasivo; un comentarista inútil; u arquitecto avaricioso de una nueva “Torre de Babel”; o un constructor paciente y lleno de esperanza de una “civilización del amor”, afirmó el Papa León XIV en su primera encíclica, “Magnifica Humanitas”.

En el documento de 82 páginas, publicado el 25 de mayo —el día después de Pentecostés—, el Papa también pidió perdón por la larga tolerancia de la Iglesia hacia la esclavitud, y declaró que su “teoría de la guerra justa” ha quedado obsoleta.

“Hoy, más que nunca —sin perjuicio del derecho a la legítima defensa en el sentido más estricto—, es importante reafirmar que la teoría de la ‘guerra justa’ —que con demasiada frecuencia se ha utilizado para justificar cualquier tipo de guerra— ha quedado obsoleta”, escribió.

“La humanidad posee herramientas mucho más eficaces y capaces para promover la vida humana y resolver conflictos, tales como el diálogo, la diplomacia y el perdón. El uso de la fuerza, la violencia y las armas refleja una pobreza relacional que siempre tiene consecuencias desastrosas para las poblaciones civiles”, señala el nuevo documento del Papa.

El documento, firmado el 15 de mayo, conmemoró el 135.º aniversario de la histórica encíclica social de su homónimo, la “Rerum Novarum”, la cual reflexionaba sobre la sociedad, la economía y la política, e inauguró lo que hoy se conoce como la “Doctrina Social de la Iglesia”.

“Cuando algunos objetaron que la Iglesia no debía malgastar sus energías en asuntos mundanos, sino centrarse en comunicar el mensaje de la vida eterna, León XIII respondió con realismo y sabiduría, afirmando que la proclamación del Evangelio no puede pasar por alto la vida concreta de las personas”, escribió el Papa León XIV.

Mientras que su predecesor se centró en el impacto de la revolución industrial sobre el ser humano y la sociedad, el papa León dirigió su mirada hacia las consecuencias de la revolución digital en el siglo XXI y la mejor manera de salvaguardar a “la persona humana en la era de la inteligencia artificial”.

El Papa León dedicó casi la primera mitad del documento a exponer el papel y el desarrollo de la enseñanza social de la Iglesia, así como las razones y los modos por los que esta sigue siendo necesaria en un mundo que enfrenta desafíos tanto antiguos como nuevos.

“Hoy, la Doctrina Social de la Iglesia constituye un legado de sabiduría, en el que hallamos principios para la reflexión, criterios para el discernimiento y el juicio, y pautas concretas para la acción”, con el fin de “interpretar con claridad los desafíos del presente e identificar los modos adecuados para vivir un testimonio cristiano claro, con alegría y al servicio del mundo”, escribió.

“No se trata de un conjunto inerte de conceptos, sino de un cuerpo vivo de verdad que salvaguarda e interpreta la vocación de la humanidad hacia una vida plena y justa. Por ello, deseo sumar mi propia voz a esta tradición viva”, añadió.

Escuchar al mundo en su sentido más amplio e interactuar con él —especialmente con aquellos que se desenvuelven en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la academia y la política—, escribió, resulta crucial para un proceso de “discernimiento compartido” destinado a identificar y sanar las raíces espirituales y culturales de los problemas actuales, en lugar de emitir pronunciamientos meramente reactivos o “correr el riesgo de dejar que la sucesión de emergencias dicte el rumbo de nuestro camino”.

Si bien la Iglesia se ocupa de cuestiones teológicas, “antropológicas” y sociales, resulta asimismo “necesario establecer herramientas normativas adecuadas, capaces de salvaguardar la justicia y frenar los efectos distorsionadores del poder tecnológico”, escribió el Papa.

“Sin embargo, la cuestión no se limita a la regulación. Como advirtió el Papa Francisco, debemos preguntarnos con realismo quién posee hoy este poder y cómo lo utiliza”, añadió.

“La humanidad, creada por Dios en toda su grandeza, se enfrenta hoy a una decisión crucial: o bien construir una nueva Torre de Babel, o bien edificar la ciudad en la que Dios y la humanidad habiten juntos”, escribió. Toda generación tiene el mismo deber de “encaminar la historia para que se convierta en un lugar donde se salvaguarde la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad”.

Si bien el documento se enmarcaba “en una era de inteligencia artificial”, incluía también una amplia gama de males persistentes y vigentes, tales como: la explotación de las personas y de la naturaleza; la guerra; la carrera armamentística; la falta de respeto por la vida humana; las amenazas a la democracia y al bien común; la discriminación contra los pobres y las mujeres; y las nuevas formas de esclavitud.

“La trata de personas debe ser reconocida como una forma contemporánea de esclavitud y una grave violación de la dignidad humana. No responder con firmeza, o tolerar estas prácticas de cualquier modo, equivale en cierto sentido a convertirse en cómplice de los pecados de hoy, que guardan semejanza con los del pasado, cuando la esclavitud era encubierta y justificada”, escribió el Papa León.

Si bien la Iglesia Católica siempre afirmó la dignidad de todo ser humano, escribió, “tampoco podemos negar ni minimizar la demora con la que tanto la sociedad como la Iglesia llegaron a denunciar el flagelo de la esclavitud”, señalando que no fue hasta el siglo XIX “que se articuló claramente una condena formal, absoluta y universal de la esclavitud, especialmente bajo el pontificado de León XIII”.

“Este desarrollo ofrece un claro ejemplo del crecimiento de la Iglesia en la comprensión de las verdades perennes de la Revelación que ella salvaguarda”, escribió, “aunque transcurrieron dieciocho siglos para que se reconociera explícitamente su plena incompatibilidad con la esclavitud”.

“Esto constituye una herida en la memoria cristiana, de la cual no podemos considerarnos ajenos”, escribió, y “por ello, en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón”.

Es “una responsabilidad compartida”, escribió, de todos los miembros de la familia humana reunirse y discernir “¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección debemos elegir como pueblo y como comunidad humana?”.

“La búsqueda de la verdad en la vida pública, la educación en el entorno digital, la transformación del trabajo, la fragilidad de las familias y las nuevas formas de esclavitud no son fenómenos aislados”, escribió. “Más bien, reflejan una cuestión subyacente común: que si la tecnología se convierte en el criterio supremo, la persona humana corre el riesgo de quedar reducida a datos, a un engranaje de una máquina o a una mercancía.

“Sin embargo, si la tecnología se integra desde una perspectiva sabia, puede convertirse en un instrumento de crecimiento, justicia y fraternidad”, añadió.

La innovación puede servir verdaderamente al desarrollo humano integral y a la ecología integral —escribió el Papa León—, “en lugar de convertirse en una fuente de exclusión y dominación”.

Haciendo referencia frecuente a las enseñanzas de San Agustín, el Papa León definió claramente las dos “ciudades” a las que las personas de hoy deben elegir contribuir: o bien una tierra mundana y egoísta, dedicada a la construcción de una “Torre de Babel”, o bien una “civilización del amor” cristiana en la era digital.

Denunció la actual “cultura del poder”, que está “normalizando” la guerra, incrementando desmesuradamente los arsenales militares y fomentando el miedo y la polarización; asimismo, reafirmó la histórica oposición del Vaticano a dejar la decisión sobre el uso de la fuerza letal en manos de la inteligencia artificial o de “procesos opacos o automatizados”.

El Papa también condenó el “falso realismo” de hoy en día, calificando de “verdaderamente irresponsable” fomentar la resignación fingiendo que la guerra es inevitable y que la paz y el diálogo son “posiciones utópicas o irracionales que ignoran los riesgos en juego”.

“De hecho, la paz no es ni una esperanza ingenua ni meramente la ausencia de guerra; por el contrario, es siempre posible como fruto de la justicia y la caridad”, escribió.

El Papa León subrayó la necesidad de que todos asuman su responsabilidad en la construcción de un mundo mejor, citando al mago Gandalf en “El Señor de los Anillos: El retorno del Rey”, de J.R.R. Tolkien: “No nos corresponde a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos para el socorro de los años en los que nos ha tocado vivir, arrancando el mal de los campos que conocemos, para que quienes vivan después tengan una tierra limpia que cultivar”.

A continuación, el Papa León propuso cinco caminos hacia la responsabilidad cotidiana y pública: “la necesidad de desarmar las palabras; construir la paz a través de la justicia; adoptar la perspectiva de las víctimas; cultivar un sano realismo; y revitalizar el diálogo y el multilateralismo”.

Fundamentalmente, añadió, lo que se necesita es la visión cristiana de la humanidad y la comprensión del plan de Dios para su creación.

“Como creyente entre creyentes, invito a todos a contemplar, ante el Hijo de Dios, la grandeza de la humanidad que ilumina también la era de la IA”, escribió. “En Cristo, estamos llamados a cooperar en la obra de la creación, en lugar de ser observadores desinteresados ​​de procesos tecnológicos que limitan nuestra libertad y responsabilidad”.

“La dignidad que el Espíritu Santo ha inscrito en cada uno de nosotros se manifiesta también en nuestra capacidad de reflexionar críticamente, elegir y amar libremente, y formar relaciones auténticas”, escribió el Papa León XIII.

“Ningún sistema computacional, por sofisticado que sea, puede crear un corazón que se entregue, ni una conciencia que discierna el bien del mal”, escribió. “Incluso cuando las máquinas sobresalen en eficiencia, un rostro humano que pide ser contemplado sigue siendo el centro de nuestra historia”.

Sitio del Vaticano en español sobre esta incíclica.

 

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