Por el Padre Bernardo Lara
Si te pones a ver, septiembre es un mes interesante, al menos desde mi punto de vista.
Para muchos, las vacaciones ya terminaron, los jóvenes han regresado a clases, las familias retoman sus rutinas y, casi sin darnos cuenta, estamos entrando en la última etapa de este 2026.
Muy pronto llegará el otoño, las fiestas, los cafés de calabaza, las reuniones familiares y, antes de darnos cuenta estaremos hablando de Navidad.
Por eso, septiembre puede ser un buen momento para reflexionar y preguntarnos: ¿cómo quiero vivir los meses que quedan de este año?
Seguramente muchos recibimos enero comiendo las tradicionales uvas y haciendo una larga lista de propósitos. Algunos se han cumplido; otros quedaron en el camino.
Quizá este año nos ha traído alegrías, pero también dificultades, pérdidas, preocupaciones o cambios que nunca imaginamos.
La buena noticia que nos ofrece nuestra fe es que Dios siempre nos permite comenzar de nuevo.
El regreso a clases también puede enseñarnos algo a los adultos: nunca dejamos de ser discípulos. La palabra “discípulo” significa precisamente aquel que aprende. Y seguir a Jesús significa permitir que cada día Él nos enseñe nuevamente a amar, perdonar, servir, escuchar y confiar.
Además, el otoño nos recuerda que hay cosas que necesitan caer para dar paso a algo nuevo. Los árboles dejan ir sus hojas. Nosotros también podemos preguntarnos qué necesitamos dejar atrás: un resentimiento, una preocupación excesiva, una mala costumbre, una relación que necesitamos sanar o, simplemente, aquello que nos está alejando de Dios.
No pensemos que el año ya terminó. A fin de cuentas, todavía quedan meses, oportunidades y bendiciones por recibir.
Septiembre puede ser ese último gran peldaño del año: una oportunidad para hacer una pausa, mirar hacia adelante y seguir caminando con confianza en Dios.
Tal vez no podamos cambiar lo que ya ocurrió en estos primeros meses del año, pero sí podemos decidir qué hacemos con los que tenemos por delante.
Podemos retomar un propósito que abandonamos, pedir perdón, acercarnos a alguien que hemos dejado de lado, dedicar más tiempo a nuestra familia o simplemente volver a poner a Dios en el centro de nuestra vida.
A veces, comenzar de nuevo no significa hacer grandes cambios, sino dar un pequeño paso en la dirección correcta.
El padre Bernardo Lara es pastor de la comunidad Católica de Nuestra Señora de Los Ángeles.









