Por el Padre Bernardo Lara
SAN DIEGO — El otro día, en mi día de descanso, tuve la oportunidad de ir a la playa a surfear. Fue una jornada mixta en el agua. Al principio, las olas eran adecuadas para mi nivel, pero con el paso del tiempo el mar se fue calmando. Durante los últimos 20 minutos de mi sesión solo pasaron dos olas, que ni siquiera pude tomar. El resto del tiempo lo pasé sentado sobre la tabla, esperando. Esa espera me dio espacio para observar, reflexionar… y se me vinieron dos cosas a la mente:
1. La encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco.
2. Nuestra desconexión con el presente y con la creación.
Por si no lo sabías, el pasado mes de mayo se cumplieron diez años desde que el Papa Francisco publicó Laudato Si’, su encíclica sobre el cuidado de la casa común. Se inspira en el Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís:
“Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el señor hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas…”
Laudato Si’ forma parte ya del magisterio de la Iglesia. Sin embargo, no estamos acostumbrados a ver el cuidado de la creación como una responsabilidad de fe. En muchas parroquias nos limitamos a hablar de la Biblia, la moral, el amor de Dios, el pecado… Y si bien todo eso es fundamental, la fe no termina ahí.
Estamos llamados a cuidar de la creación: a no contaminar, a reciclar, a cuidar el agua, la naturaleza, los animales… Pero como sociedad, hemos aprendido a ignorar todo aquello que no nos interesa o que sentimos ajeno a nosotros, como la naturaleza. Y al hacerlo, perdemos de vista lo que es sagrado, lo que es un don de Dios.
Lo más preocupante es que, cuando perdemos interés por lo que consideramos “menos importante”, también comenzamos a perder interés por las personas que percibimos como “menos que nosotros”: los migrantes, los pobres, los ancianos, los enfermos…
El Papa Francisco nos recuerda que al descuidar la creación, no solo perdemos el sentido de lo sagrado en lo “no humano”, sino que, poco a poco, también perdemos el sentido de nuestro propio ser.
Al final, mi tiempo en el agua, más allá del surf, se convirtió en una experiencia de contemplación. Me recordó que la fe no es solo una práctica espiritual individual, sino una forma de vivir en relación con todo lo que nos rodea. Cuidar la creación no es un acto secundario, es parte esencial de nuestro compromiso como creyentes. Recuperar el sentido de lo sagrado en la naturaleza puede ayudarnos también a sanar nuestras relaciones humanas. Tal vez el primer paso sea tan sencillo como detenernos, observar y volver a asombrarnos por el mundo que Dios nos ha confiado.
El padre Bernardo Lara dirige la Comunidad Católica de Brawley y Westmorland.









