Pregunta a las jóvenes: ¿Cómo está tu corazón?

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CELEBRACIÓN: Jóvenes fieles de toda la región se reunieron, después de la Misa para Jóvenes Adultos, en una recepción celebrada en el jardín junto a la iglesia La Inmaculada el 12 de julio. (Foto de David Maung)

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SAN DIEGO — “¿Qué clase de tierra es mi corazón?”

Con esa pregunta, el obispo auxiliar Felipe Pulido invitó a la reflexión a los asistentes de la Misa anual para Jóvenes Adultos de la diócesis. Alrededor de 600 personas llenaron las bancas y ocuparon los pasillos de la parroquia La Inmaculada durante la celebración del 12 de julio, en una de las convocatorias más numerosas de los últimos años.

La directora de la Oficina Diocesana de Pastoral Juvenil y Jóvenes Adultos, Maricruz Flores Strauss, destacó que este año participaron más familias jóvenes que en ocasiones anteriores.

Además de la Misa anual, la oficina coordina talleres, retiros y diversas actividades para responder a las necesidades e intereses de los jóvenes adultos. Asimismo, ayuda a conectarlos con los distintos ministerios parroquiales que ofrecen espacios para su crecimiento en la fe.

En su homilía, el obispo Pulido reflexionó sobre la parábola del sembrador, proclamada en el Evangelio de ese domingo (Mt 13, 1-23).

“Un sembrador salió a sembrar. Parte de la semilla cayó junto al camino; otra, en terreno pedregoso; otra, entre espinos; y otra, en tierra buena.

“Si el sembrador sabe que la semilla solo crecerá bien en tierra fértil, ¿por qué la esparce por todas partes? La respuesta es hermosa: porque el sembrador es Dios.

“Su generosidad no tiene límites. Él cree en cada corazón humano. Nunca dice: ‘No vale la pena intentarlo con esta persona’”.

“El verdadero interrogante”, continuó, “no está en la semilla. La verdadera pregunta es: ¿Qué clase de tierra es mi corazón?

“Jesús nos presenta varias posibilidades.

“Parte de la semilla cae junto al camino y las aves se la comen. Hoy esas aves pueden representar nuestras constantes distracciones. Esas distracciones pueden robarnos la Palabra de Dios antes de que tenga la oportunidad de entrar en nuestro corazón.

“Después Jesús habla del terreno pedregoso. La semilla brota rápidamente, pero como no tiene raíces profundas, se seca cuando sale el sol.

“¿Cuántas veces nos sucede eso? Participamos en un retiro, salimos llenos de entusiasmo y decidimos orar todos los días. Pero, después de unas semanas, ese entusiasmo desaparece. Sin raíces profundas la fe no puede resistir las pruebas de la vida.

“Luego Jesús habla de los espinos. La semilla comienza a crecer, pero los espinos la ahogan. Esos espinos pueden representar las preocupaciones, las angustias y las presiones de la vida cotidiana.

“Muchas personas desean sinceramente seguir a Cristo, pero terminan abrumadas por el trabajo, las responsabilidades familiares, las preocupaciones económicas, la enfermedad o un sinfín de actividades”.

El obispo explicó que la belleza de este Evangelio radica en que la tierra puede transformarse.

“A veces necesitamos remover la tierra. Permitir que Dios toque esos lugares que preferimos mantener ocultos… 

“También necesitamos regar la tierra. Alimentar nuestro corazón con la Sagrada Escritura, la oración, la Eucaristía, el silencio, las obras de caridad y las buenas amistades.

“Finalmente”, concluyó, “todo buen jardinero sabe que es necesario arrancar la maleza. Hay hábitos, resentimientos, miedos, pecados y apegos que ahogan la vida de Dios en nosotros. Es necesario arrancarlos para que la gracia pueda crecer libremente.

“Que hoy permitamos al Señor cultivar nuestro corazón, para que su Palabra eche raíces profundas y dé fruto”.

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