SAN DIEGO — La presencia tiene un enorme poder.
El poder de hacer que alguien se sienta humano. El poder de dar testimonio. El poder de llevar el cálido amor de Dios a un frío tribunal.
El ministerio que reúne a miembros del clero y otros voluntarios para acompañar a inmigrantes indocumentados a sus audiencias judiciales y citas de control con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en el tribunal federal del centro de San Diego cumplirá su primer año en agosto.
Durante este tiempo, el ministerio conocido como FAITH (acrónimo de Faithful Accompaniment in Trust and Hope, traducido como Acompañamiento Fiel con Confianza y Esperanza) ha orado con innumerables migrantes, consolado a familiares de personas detenidas por agentes de ICE y dado testimonio de lo que ocurre diariamente mientras el gobierno federal lleva a cabo una campaña masiva de deportaciones.
Según un análisis publicado por The San Diego Union-Tribune, ICE detuvo a 8 mil 300 inmigrantes en la región de San Diego–Valle Imperial durante 2025, en comparación con un aproximado de 600 el año anterior.
Se trata de un esfuerzo conjunto de la Diócesis Católica de San Diego, la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Barrio Logan, y el Proyecto de Organización de San Diego (San Diego Organizing Project).
Fidel, un inmigrante indocumentado, fue uno de los migrantes detenidos por agentes del ICE en el tribunal federal el otoño pasado. En una entrevista reciente, afirmó que nunca había sido condenado por ningún delito.
Fidel y su esposa, ambos originarios de México, han sido miembros de la Parroquia Cristo Rey durante 27 años. Tienen dos hijas nacidas en Estados Unidos, de 20 y 26 años.
En agosto del año pasado, Fidel fue notificado de que debía comparecer ante un tribunal de inmigración el 9 de octubre.
Su familia solicitó que voluntarios de FAITH lo acompañaran ese día, y así lo hicieron. Oraron con Fidel, su esposa y sus hijas frente al edificio antes de la audiencia y luego lo acompañaron a la sala del tribunal, ubicada en el cuarto piso. Entre quienes estuvieron presentes se encontraban el obispo auxiliar Felipe Pulido, el pastor Tommie Jennings, el diácono Carlos Morales —ambos de la Parroquia Cristo Rey— y numerosos feligreses.
Durante la audiencia, el juez aplazó el caso hasta enero.
“Al salir de la sala del tribunal hacia el pasillo, un agente del ICE se nos acercó y preguntó: ‘¿Quién es Fidel? Tengo un mensaje para él’”, recordó el obispo Pulido.
La abogada de Fidel explicó que acababa de recibir una nueva fecha para una audiencia. El agente respondió que Fidel debía presentarse en el segundo piso para lo que describió como un trámite de control de rutina.
Una vez en el segundo piso, solo se permitió el ingreso de la abogada y de Fidel a la oficina del ICE.
Unos 10 minutos después, la abogada salió con una noticia desgarradora: “Se los están llevando a todos”.
Poco después, vieron cómo los agentes llevaban a Fidel apresuradamente hacia el ascensor para trasladarlo a una celda de detención en el sótano del edificio.
Sus dos hijas empezaron a llorar.
El grupo salió al exterior, donde esperaba la esposa de Fidel.
“Fue un reencuentro increíblemente emotivo”, recordó el Obispo. “Todos se abrazaron y, a pesar de su propio dolor, la esposa dijo con una fe admirable: ‘No perdamos la esperanza. Dios está con nosotros y nos ayudará a superar este difícil camino’”.
Fidel describió las duras condiciones en la celda.
“Éramos 20 personas en ese cuartito”, recordó. “Dormíamos sentados y nos daban comida fría, a veces echada a perder. Está muy feo allí”.
Cuatro días después fue trasladado al Centro de Detención de Otay Mesa, donde permaneció las siguientes seis semanas, hasta ser liberado el 24 de noviembre.
Los voluntarios también lo acompañaron en sus siguientes audiencias judiciales, celebradas en abril y mayo.
El migrante reflexionó sobre el acompañamiento.
“Cuando vimos a nuestra Iglesia y a otras personas apoyándonos, sentimos que somos importantes para alguien, que somos humanos”, comentó Fidel. “Sentí que no estaba solo, que Dios siempre estaba conmigo”.
Fidel también afirmó que desarrolló diabetes durante su detención, una enfermedad que lucha por controlar todos los días y que incluso ya lo ha llevado a la sala de emergencias.
Su hija menor padece una depresión severa, agravada por la crisis migratoria que enfrenta la familia, explicó Fidel. Su abogado está tramitando una visa especial que le permitiría permanecer legalmente en el país para cuidar de ella. Si no la obtiene antes de octubre, cuando su hija cumpla 21 años, perderá la posibilidad de solicitar ese beneficio y se verá obligado a regresar voluntariamente a México.
La dinámica dentro del edificio federal ha cambiado durante el último año.
En un principio, los agentes del ICE detenían a los migrantes al salir de sus audiencias, en áreas visibles para el público, incluidos los voluntarios de FAITH. Más tarde, las detenciones se trasladaron a la oficina del ICE, ubicada en el segundo piso, una zona de acceso restringido. Después hubo un periodo en el que a los migrantes se les colocaban grilletes electrónicos y otros dispositivos de monitoreo para rastrear sus movimientos.
Actualmente, hasta 100 migrantes pueden ser citados a comparecer ante un tribunal en un solo día, con frecuencia con muy poca anticipación. Quienes no se presentan quedan sujetos a una orden automática de detención y deportación.
El diácono Chris Hulburt ha sido voluntario de este ministerio desde sus inicios. Durante 38 años ha ejercido como abogado litigante en materia civil en San Diego. Además, desde su ordenación hace 13 años sirve como diácono en su parroquia, Santa Brígida.
El diácono no duda del papel de la Iglesia en el tribunal.
“Este ministerio FAITH representa el ministerio esencial de la Iglesia: acompañar a los más pequeños, acoger al forastero, cuidar a los oprimidos, defender a quienes no tienen defensa y dar voz a quienes no la tienen. Ese es el núcleo de nuestra vocación como cristianos. Se trata de nuestra identidad como hermanos y hermanas, hijos amados del único Dios”, dijo.
El obispo Pulido reflexionó sobre el sencillo poder del acompañamiento.
“Acompañar a Fidel y a su familia me recordó que el ministerio no consiste en tener todas las respuestas. A veces, el mayor regalo que podemos ofrecer es simplemente nuestra presencia, nuestras oraciones y la certeza de que nadie tiene que afrontar el sufrimiento en soledad”.
¿Quiénes son los voluntarios FAITH?
Total de personas capacitadas como voluntarios ministeriales: 713
Voluntarios del clero de todas las tradiciones religiosas: 162
Sacerdotes católicos: 51
Diáconos católicos: 24
Hermanas religiosas católicas: 13
Total de personas que se inscribieron para al menos un turno: 420
Número de tradiciones religiosas de los voluntarios: 17
Algunos no estaban afiliados a ninguna tradición religiosa o se identificaban como no religiosos.
Información al 14 de julio.









