Perspectiva

Perspectiva: San José da el ejemplo de confiar en Dios

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Por el Padre Bernardo

Durante el mes de marzo se celebran dos fiestas importantes dentro de la fe católica: la Anunciación y el día de San José.

La Anunciación es el momento en el que el ángel del Señor se le aparece a María para “anunciarle” que de ella iba a nacer el salvador del mundo. La Anunciación se celebra el 25 de marzo, justo nueve meses antes de Navidad.

La otra fecha es la de la Fiesta de San José. Hay dos días al año donde celebramos a San José, el 19 de marzo y el 1ro de Mayo (San José Obrero).

Hablamos de San José por qué quizás ya hayas escuchado que en diciembre pasado, el Papa Francisco convocó un “Año de San José” hasta el 8 de diciembre del 2021. Esto con el motivo de que hace 150 años se proclamó a San José como patrono de la Iglesia.

Sin embargo, hay muchos aspectos de San José que vale la pena analizar pero por ahora nos quedaremos con dos.

Primero, San José es un hombre de fe: Muy seguido relacionamos a San José como alguien feliz, como si su vida hubiese sido perfecta. En parte, lo hacemos porque relacionamos a San José con la Navidad y lo bonito que trae.

Pero en realidad, la vida de San José, al menos según la Biblia, fue dura. Para empezar en un comienzo se entera que María está embarazada y no es de él. Aunque después se entera que es obra de Dios, pero mientras fueron momentos de duda, de dolor, de incertidumbre. Luego, debió haber tenido burlas por parte de la sociedad que pensaba que María se había embarazado de él antes del matrimonio. Además, José no tenía riquezas. Y a esto le podemos agregar el problema de viajar hasta Belén con María embarazada, con un burrito, sin tener donde llegar.

En verdad fueron muchos sufrimientos, pero José los venció. Esto resuena en nosotros. En estos tiempos de pandemia donde el miedo y la incertidumbre tienen fuerza, San José da el ejemplo de confiar en Dios.

Segundo, San José como carpintero: Si pensáramos en un padre adoptivo para Dios, es fácil pensar que este debía tener un buen trabajo: abogado, doctor, profesor. Pero José era carpintero y de aquí educó a Jesús.

Esto nos recuerda que cualquier acto que hagamos, se lo podemos ofrecer a Dios. Quizás la recompensa material no será buena, pero la espiritual puede serlo con actos tan sencillos como limpiar la casa, cuidar a los padres ancianos, ser honrados en el trabajo, y simplemente llamar a un amigo. Cualquier acto, por más minúsculo que pareciese, sirve para educarnos y para dar gloria a Dios.

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