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Nueva generación de diáconos se ordenará

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SAN DIEGO — El 12 de junio el Obispo Robert McElroy ordenará a ocho hombres de la localidad al diaconado permanente.

La liturgia será transmitida en vivo a las 10 a.m. a través de sdcatholic.org/event/permanent-diaconate-ordination.

A continuación, les compartimos los perfiles de los futuros diáconos.

Dominic Guzzardo, Parroquia de San Gregorio Magno

Dominic Guzzardo creció considerando a la Iglesia como su “segunda familia”.

De pequeño asistió a la Escuela del Sagrado Sacramento y la Secundaria San Agustín. Ahí fungió como acólito y desempeñó un papel de liderazgo en el grupo de jóvenes de la parroquia.

De joven consideró el sacerdocio antes de seguir el llamado al matrimonio.

En los años noventa Guzzardo experimentó por primera ocasión la “chispa” del llamado al diaconado permanente cuando fungía como ministro de juventud en su parroquia. Esa chispa volvió a presentarse a finales del 2015 durante un Encuentro Matrimonial. En esta segunda ocasión el llamado persistió.

Durante su segundo año de formación Guzzardo se dio cuenta de una cosa, “Soy más feliz cuando estoy al servicio de los demás”.

“En realidad no sabía lo que quería ser de grande”, dijo. “No lo había descubierto hasta ese momento. Fue la primera vez en la vida que supe para qué había sido llamado: a servir”.

Agregó que lo que más anhela como diácono es poder caminar junto a quienes inician el proceso del Rito de Iniciación Cristiana de Adultos.

Guzzardo y su esposa, Suzanne, han estado casados durante 28 años; tienen dos hijos. Han sido miembros de la Parroquia de San Gregorio Magno en Scripps Ranch durante casi 15 años.

David Hall, Parroquia de Todos Santos

Dos esposas diferentes desempeñaron un papel fundamental en el camino de David Hall hacia la ordenación diaconal.

Hall no había ni recibido el bautismo cuando conoció a su primera esposa, Cindy, en 1980, con quien contrajo nupcias en 1986. En 1990 Hall celebró los sacramentos de iniciación.

Hall, quien enviudó en 2013, conoció a su segunda esposa, Jo Ann, mientras asistía a clases ofrecidas a través del Instituto Diocesano. Él estaba tomando cursos como parte de sus estudios para el diaconado, mientras que Jo Ann obtenía un certificado de catequesis.

Pero no fue hasta después de haber ingresado al programa de formación diaconal, después de sentirse “más o menos reclutado” por la anterior directora de la Oficina Diocesana para el Diaconado Permanente, que sintió verdaderamente el llamado.

“No soy de los que experimentan una epifanía”, comentó. “Lo mío más bien se fue dando de una manera más gradual”.

Hall, quien se retiró en 2016 después de tres décadas como abogado de patentes, dijo que aún no se ha reunido con su párroco para discutir los detalles del ministerio. “Espero con ansias cualquier servicio que mi párroco quiera de mí”, afirmó.

David y Jo Ann Hall se casaron en febrero del año pasado. Hall ha sido miembro de la Parroquia de Todos Santos en La Jolla desde 1994.

Andy C. Jazmin, Parroquia de San Carlos

Antes de ingresar a la formación diaconal, Andy C. Jazmin ya había trabajado en su parroquia en diversos ámbitos, incluyendo a través del ministerio de música, como lector y como ministro extraordinario de la Sagrada Eucaristía.

Pero todo eso no era suficiente.

“Sentía que necesitaba dar el siguiente paso”, dijo Jazmin, un veterano de 20 años de la Marina de los Estados Unidos quien ha sido contratista de defensa durante los últimos 21 años.

El momento en que reconoció su llamado al diaconado se le ha quedado grabado en la memoria.

“Sucedió hace años, pero lo recuerdo claramente, una mañana durante mis oraciones sentí la presencia y la paz de Dios”, recordó. “Dios siempre ha sido bueno conmigo. Nunca me ha defraudado. Entonces supe que tenía que actuar según Su llamado”.

A los pocos meses se reunió con su entonces párroco, quien le recomendó que se pusiera en contacto con la diócesis.

“Ese fue el comienzo de todo”, comentó Jazmin sobre un período de formación que estaría marcado por la pandemia del COVID-19.

Para Jazmin, quien espera presidir bautismos, bodas y entierros, es responsabilidad del diácono “servir con humildad, compasión y amor, como lo hizo nuestro Salvador”.

Jazmin y su esposa, Grayce, han estado casados ​​durante 39 años; tienen tres hijas. Ha sido miembro de la parroquia San Carlos en Imperial Beach durante 52 años.

Tim Keane, Parroquia de Santo Tomás Moro

La historia vocacional de Tim Keane da un nuevo significado a la frase “Un Paseo Para Recordar”.

“Mi primer llamado al diaconado fue en las calles de San Marcos”, recuerda. “Había salido a caminar para calmar mis nervios”.

Mientras caminaba, Keane le pedía a Dios que dirigiera su rumbo. La respuesta de Dios fue un llamado al diaconado, aunque en ese momento Keane no lo reconoció como tal.

“Me llevó cuatro años comprender mi llamado inicial y comenzar mi camino hacia el diaconado”, dijo quien ha servido como administrador de una agencia de atención domiciliaria durante cinco años.

Agregó que los diáconos son llamados a ser “las manos y pies de Cristo aquí en la tierra” a través de la predicación y de hacerse presente en la vida de quienes más lo necesitan.

“Es un honor servir a la Iglesia”, comentó. “Es una bendición que la Iglesia me haya permitido cumplir mi llamado a ser el siervo de Cristo aquí en la tierra”.

Atribuyó el ejemplo de sus padres y el apoyo de la Iglesia como “una brújula que me lleva al diaconado”. Al igual que sus compañeros, también destacó el papel de su esposa en el proceso de formación.

Keane y su esposa, Lisa, han estado casados ​​durante 27 años y tienen tres hijos. Han sido miembros de la Parroquia San Tomás Moro en Oceanside durante 18 años.

Patrick McCay, Parroquia de Santa Brígida

Patrick McCay dice que su camino en la fe ha tenido sus “altas y bajas”.

“En mis años de formación, yo hubiera sido elegido al premio de menos probable de convertirse en diácono entre todos los miembros de mi familia”, dijo.

Pero McCay siempre sintió un amor por Dios y respeto por Su Iglesia, y cada vez que se alejaba se sentía llamado a regresar.

Su primer encuentro con un diácono se produjo durante su primer año de la escuela secundaria, cuando fue el único joven que respondió a la solicitud de su parroquia de voluntarios para la distribución de alimentos. Ese diácono, que “no tenía miedo de salir y ensuciarse las manos”, causó una gran impresión en McCay.

Aun así, nunca consideró convertirse en diácono hasta que su párroco se lo preguntó.

“Siento que se me ha confiado a un ministerio especial”, comentó quien ha trabajado para la Marina de los Estados Unidos durante 30 años como planificador de instalaciones o planificador ambiental.

Durante la pandemia McCay y un amigo visitaban hospicios donde tocaban música a través de las ventanas para alegrar a los pacientes, ofreciéndoles además momentos de oración y conversación. Creatividad que seguramente le será de gran ayuda en su diaconado.

McCay y su esposa, Danielle, han estado casados ​​durante 26 años y tienen dos hijos. Han sido miembros de la parroquia Santa Brígida en Pacific Beach durante 29 años.

Javier Mozo, Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe

Javier Mozo siempre ha sido católico, pero no siempre había sido activo.

“El Señor me llevó a mi esposa y ella me llevó a Cristo, así que ahora puedo servir a la Iglesia como diácono”.

Hace años, Mozo y su esposa apoyaron a las Siervas Misioneras de la Palabra. En el último día de su trabajo para las religiosas, la madre superiora le preguntó sobre su apertura para convertirse en diácono.

Mozo lo interpretó como si acabara de recibir una “clara llamada” de Dios, pero rápidamente respondió que no. En ese momento se rehusaba a “esclavizarse” a la vida de la Iglesia.

Tres años más tarde, cuando finalmente estaba listo, solicitó ingresar al programa de formación diaconal, pero fue rechazado. Pasó ocho años como coordinador de un ministerio parroquial antes de volver a solicitar el diaconado y ser aceptado.

Mozo, quien ha trabajado en el campo de la salud y seguridad ambiental desde 1997, comprende ahora que Dios necesitaba que primero trabajara en aspectos de sí mismo para ser “libre a responder a Su llamado”.

Sobre las interrupciones en su formación debido al COVID comentó, “Aceptar la incomodidad es aceptar un cambio, y aceptar un cambio es reconocer que Dios tiene el control de todo”.

Mozo y su esposa, Beatriz, llevan 29 años casados; tienen tres hijos. Han sido miembros de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en San Diego durante 18 años.

José Óscar Paredes, Parroquia de Corpus Christi

“No puedo decir que convertirme en diácono estaba dentro de mis planes. Pero al parecer si estaban dentro de los planes de Dios”, dijo José Oscar Paredes.

Agregó que mientras para algunos el llamado a una vocación puede ser claro e innegable, esa no fue su experiencia.

Aun después de haber comenzado con su formación, Paredes seguía buscando pruebas del llamado de Dios. Eventualmente desistió.

“Sentí que estaba forzando el tema, así que decidí concentrarme en mis clases y mi desarrollo espiritual”, comentó. “Entendí que si iba a haber un llamado, iba a ocurrir cuando menos me lo esperara”. La seguridad de su llamado al diaconado no ocurrió hasta casi cinco años después de haber comenzado el programa de formación.

Estaba de retiro con sus compañeros candidatos a diácono en marzo pasado y, de alguna manera, cada lectura de las Escrituras, cada oración y cada experiencia durante la adoración eucarística parecían confirmar que estaba en el camino correcto.

Paredes y su esposa, Patricia Ann, han estado casados ​​durante 39 años y tienen cuatro hijos. Han sido miembros Corpus Christi en Bonita durante ocho años.

Paredes es propietario y presidente de la firma de diseño arquitectónico GMH Associates, Inc. desde hace 21 años.

Dijo estar “eufórico” de que sean las esposas quienes les colocarán las vestiduras litúrgicas durante la Misa de ordenación. Considera que es apropiado porque, en cierto sentido, “también es su ordenación”.

Javier Rodríguez, Parroquia de Mater Dei

Todo comenzó en Panera Bread.

Javier Rodríguez y su esposa, Laura, estaban disfrutando de una taza de café después de su Misa Dominical cuando la conversación giró hacia cómo sería su vida de retirados, “¿Me puedes imaginar como diácono?”, bromeó Rodríguez.

En lugar de soltar la carcajada, su esposa dijo que en alguna ocasión había tenido un sueño al respecto.

Como tres semanas después la pareja estaba de nuevo en el mismo restaurante, cuando se les unió su párroco, quien le comenzó a hacer una serie de preguntas a Rodríguez.

Rodríguez no le puso mayor atención hasta una semana después cuando el párroco le dijo que pensaba que estaba siendo llamado al diaconado.

Durante su primer año en el programa de formación, Rodríguez pensó que tendría que abandonarlo después de descubrir que tenía una condición grave que requería una cirugía a corazón abierto.

La entonces directora de la Oficina del Diaconado Permanente lo animó a poner todo en las manos del Señor y seguir adelante.

“Así que eso hice y aquí estoy, listo para recibir la gracia de Dios una vez más”, dijo.

Rodríguez se jubiló en junio de 2019 después de 30 años en el departamento de informática con el Distrito Escolar de Sweetwater.

Javier y Laura Rodríguez están casados ​​desde hace 26 años y tienen dos hijos. Han sido miembros de la parroquia Mater Dei en Chula Vista durante 16 años.

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