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Reporte de temas clave de sesiones sinodales en diócesis

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Nota del Editor: La Diócesis de San Diego se encuentra consultando a sus fieles en un proceso llamado sínodo. En marzo, parroquias y organizaciones aliadas realizaron sesiones de escucha de grupos pequeños en sus comunidades. El siguiente es el informe que la diócesis presentó a la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, el cual resume los puntos clave que los 10 mil participantes plantearon en dichas sesiones. El sínodo continúa con una encuesta de los fieles en septiembre. Si no lo han hecho, se invita a todos los fieles que se inscriban en su parroquia para recibir la encuesta de manera electrónica.

El proceso sinodal para la Diócesis de San Diego comenzó con una Misa de apertura el 17 de octubre de 2021 en la que el obispo Robert McElroy anunció el nombramiento de una comisión de 15 miembros encargados de supervisar dicho proceso y diseñar su estructura de trabajo. Esta comisión incluía tres párrocos, dos teólogos y 10 líderes laicos seleccionados de parroquias, agencias y movimientos.

Durante sus primeras reuniones la comisión, junto con el obispo McElroy y en consulta con el Consejo Presbiteral y el Consejo Pastoral Diocesano, determinó que la estructura de trabajo sinodal para San Diego sería un proceso de tres años con base al modelo de acción eclesial “Ver-Juzgar-Actuar”.

La primera etapa, de seis meses, incluiría una serie de sesiones de escucha en inglés, español y vietnamita utilizando el modelo sinodal para discernir la respuesta del Pueblo de Dios a tres preguntas fundamentales: ¿Cuáles son las alegrías de los fieles en la vida de la Iglesia? ¿Cuáles son sus dolores o penas dentro de la Iglesia? ¿Qué esperanzas tienen para la Iglesia? De estas sesiones se desarrollaría una síntesis antes del 30 de junio para presentarla a la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

Tras esta primera fase de escucha, la comisión llevaría a cabo un proceso de discernimiento para evaluar los hallazgos obtenidos en estas sesiones. Según las conclusiones obtenidas en los pequeños grupos, la comisión crearía un instrumento para consultas de gran escala que sería enviado a más de 150,000 católicos para obtener su punto de vista sobre los temas clave a los que se enfrenta la Iglesia en estos momentos. Los resultados de este proceso deberán finalizarse en octubre.

Se planeó que el segundo año del proceso sinodal sería dedicado a un periodo de discernimiento sobre las realidades y opiniones reveladas en las sesiones de grupos pequeños y el cuestionario de gran escala. La comisión buscaría determinar los cambios que necesitan hacerse en los niveles parroquiales y diocesanos, y formularía un plan de acción especificando las metas u objetivos para el cambio. El plan hablaría de la cultura sinodal que debe reflejarse en este cambio. Es particularmente importante que en esta etapa del proceso los participantes tengan en mente que estamos buscando lograr una verdadera conversión de diálogo, toma de decisiones y vida pastoral dentro de la Iglesia. Por lo tanto, la forma en que emprendemos la acción es tan importante como los objetivos específicos que buscamos alcanzar.

El tercer año del proceso sinodal en San Diego sería dedicado a implementar el plan de acción en los niveles diocesanos y parroquiales.

La comisión se enfrentó a diferencias dramáticas en cultura y realidades entre los condados de San Diego e Imperial. San Diego es un condado en gran parte urbano y suburbano con más de 3 millones de habitantes que es demográficamente diverso y contiene una economía dinámica centrada en la tecnología. El Condado de Imperial es una región agraria de aproximadamente 200,000 residentes, de los cuales el 85 por ciento son Hispanos. Como resultado, los participantes del sínodo decidieron establecer dos comisiones del proceso sinodal en la diócesis, una para cada condado. Esto permite estructuras de trabajo de acuerdo con las necesidades de cada condado.

Las comisiones han dedicado una gran cantidad de tiempo a diseñar un proceso de diálogo de grupos pequeños que refleje y construya un espíritu distintivo de sinodalidad. Profesores de la Universidad Estatal de San Diego asistieron a las reuniones de la comisión y diseñaron una estructura de trabajo que permitiría tener interacciones significativas en los grupos pequeños; que fomente una escucha respetuosa, invite a compartir experiencias personales concisas, y lleve a la construcción gradual de la comprensión entre diversos orígenes, culturas e ideologías. También ayudaron a diseñar un proceso de toma de apuntes que capturaría los elementos centrales de lo que se diría en cada grupo.

Durante marzo cada una de las parroquias de la diócesis realizó una serie de reuniones de tres horas en las que hombres y mujeres se sentaron aleatoriamente en pequeños grupos de ocho personas para reflexionar sobre las alegrías, penas y esperanzas que han encontrado en la Iglesia. Más de 10,000 personas participaron en estas reuniones. Uno de los resultados más interesantes fue que los participantes encontraron estos diálogos espiritual y pastoralmente nutritivos. Varios de los grupos pequeños decidieron formar grupos de oración o de estudio de la Biblia entre sí debido a lo que ahí compartieron, a pesar de que antes de estas sesiones no se conocían. La positividad de la experiencia fue notable porque los apuntes que se tomaron en estas sesiones de escucha revelaron que los participantes compartían puntos de vista completamente distintos sobre los temas principales que se discutieron. Este sentido de oración y respeto al diálogo constituyó un atisbo de lo que podría ser una cultura sinodal.

Las comisiones establecieron sesiones de grupos pequeños para sacerdotes diocesanos, hombres religiosos, mujeres religiosas, diáconos permanentes y sus esposas. Estas reuniones fueron diseñadas para capturar las distintas perspectivas de los grupos de liderazgo dentro de la vida de la Iglesia.

Adicionalmente, las comisiones platicaron extensamente sobre la manera de obtener contribuciones de nuestras comunidades marginadas. Alrededor de 200,000 católicos en nuestra diócesis son inmigrantes, por lo tanto, los diálogos en las parroquias tendrían que capturar su punto de vista. Debido a ello las comisiones diseñaron un proceso específico para cerciorarse de obtener las experiencias de nuestros refugiados y trabajadores migrantes. De igual manera, se establecieron mecanismos de alcance específicos para obtener los puntos de vista de encarcelados y sus familias, así como de hombres y mujeres indigentes. El lente interpretativo establecido por la Universidad de San Diego para analizar la información recabada en las reuniones de grupos pequeños incluyó un proceso para ampliar los aportes de estas comunidades marginadas al formular nuestras conclusiones para esta síntesis que se enviará a Washington y, en última instancia, a Roma.

De manera paralela se desarrolló un proceso de consulta para los adolescentes en nuestras escuelas y programas de educación religiosa.

Se asignó a una persona encargada de tomar apuntes en cada uno de los 1,100 grupos pequeños para documentar con la mayor precisión posible las respuestas de los individuos a las tres preguntas fundamentales sobre las alegrías, penas y esperanzas que han encontrado en la Iglesia. En el proceso subsiguiente de analizar los frutos de estos diálogos de grupos pequeños, cuatro personas leyeron una muestra representativa de los apuntes tomados y en colaboración generaron categorías de codificación que eran aplicables a lo que habían leído. Los códigos fueron utilizados para analizar los apuntes de las reuniones de las parroquias utilizando una estrategia de muestreo de variación múltiple. Posteriormente se analizaron los 1,100 conjuntos de apuntes, de ahí surgieron ocho temas centrales. Cuatro de ellos se centraron en las alegrías que los participantes han encontrado en la Iglesia. Los otros cuatro se enfocaron en los retos a los que se han enfrentado en la vida de nuestra Iglesia local.

                                                                        ALEGRÍAS

  1. La Vida Sacramental de la Iglesia: La principal alegría que se mencionó en las sesiones sinodales fue la participación en la vida sacramental de la Iglesia. La declaración de un participante de que “experimentar la belleza de nuestra Iglesia/Misa con nuestras familias es lo que nos da esperanza” fue emblemático de los comentarios en prácticamente cada uno de los grupos pequeños. Los participantes encontraron alegría en la naturaleza fundamental de la Eucaristía, señalando que “puedes asistir a Misa en cualquier parte del mundo y es igual”. Un gran número de participantes mencionó que la música en la liturgia causaba gran emoción y profundidad espiritual en sus vidas. El comentario de uno de los participantes resume lo que es la alegría en la Eucaristía: “Me encanta la paz que siento cuando acudo a Misa. Es una oportunidad para verdaderamente encontrarme con Dios y sentir alivio”.

Los otros sacramentos también se mencionaron frecuentemente como una fuente de alegría. En estos comentarios, los participantes seguido se refirieron a momentos sacramentales específicos que habían sido significativos en sus vidas, en lugar de un sentimiento generalizado de los sacramentos.  Los bautizos constituyen un tiempo de profunda gracia entre los fieles, así como las primeras comuniones y bodas. Un individuo lo expresó de la siguiente manera: “Experimentar estos sacramentos en nuestras vidas y en las vidas de nuestros hijos da una gran alegría”. Muchos comentarios señalaban la amabilidad y devoción pastoral de los sacerdotes y diáconos que celebran estos sacramentos.

El rosario es visto como una realidad casi sacramental de gran importancia en la vida del Pueblo de Dios en los condados de San Diego e Imperial.

2. Vida en Comunidad: La presencia de una vida comunitaria perdurable dentro de las parroquias y movimientos es fuente de inmensa alegría para los fieles de nuestra diócesis. Hombres y mujeres mencionaron frecuentemente el sentimiento de pertenencia que han experimentado en la vida de la Iglesia. Estos lazos de comunidad existen en varios niveles – lazos espirituales, amistades que han surgido en la vida de comunidad, acciones de servicio, y eventos recreativos y sociales. Durante la época de Covid, la vitalidad de la vida parroquial y de los movimientos disminuyó sensiblemente, pero actualmente está volviendo a su plena vitalidad. No se puede subrayar cuán fuertemente los diálogos sinodales reflejaron la alegría y el hambre por la red de comunidades que se forman en la vida de la Iglesia.

3. Ministerio Sacerdotal:  Existe un apoyo generalizado y admiración por los sacerdotes en sus parroquias. “Los sacerdotes a nivel local son el alma de la Iglesia”.  El servicio pastoral de celebrar la Eucaristía y los otros sacramentos, formar comunidades parroquiales, guiar a individuos angustiados, y enseñar la fe forman fuertes lazos entre la comunidad parroquial y el sacerdote. Los comentarios de los participantes también mostraron un entendimiento de que el número limitado de sacerdotes crea grandes dificultades y limitaciones en el ministerio efectivo.

4. Un Camino Hacia Dios: Quienes participaron en los 1,100 grupos de diálogo que se realizaron dentro de la diócesis continuamente señalaron a la Iglesia como su principal camino hacia Dios. Hablaron sobre grupos de estudio de las Sagradas Escrituras que les revelaron la belleza de la Biblia. Platicaron sobre sus experiencias en cursillos, grupos de respeto por la vida, matrimonios y grupos de devoción cultural que les han brindado un vínculo con Dios y la acción de Dios en el mundo. Hablaron sobre simplemente visitar la Iglesia para hacer oración y encontrarse con la cara de Dios, así como la adoración de la Eucaristía. Comentaron las muchas maneras en las que la comunidad parroquial, sacerdotes, diáconos y lideres laicos en la parroquia los encaminan hacia Dios. Mostraron una amplia preocupación por conservar las tradiciones religiosas populares que refuerzan los lazos culturales con la fe. En tantos niveles, los participantes dieron testimonio sobre la realidad de la Iglesia como pueblo peregrino de Dios en camino hacia el Reino.

Muchos de los comentarios fueron sobre el deseo de atraer a más personas a la vida de la Iglesia. Se hizo énfasis sobre crear una cultura de bienvenida y hospitalidad en la vida de la diócesis y las parroquias. Al mismo tiempo, no hay un gran sentido de evangelización organizada entre los participantes.

                                                                        DESAFÍOS

Mientras que las cuatro fuentes de alegría mencionadas arriba constituyen una afirmación de la vida de la Iglesia en la Diócesis de San Diego, en los diálogos también surgieron cuatro grandes desafíos para la fe y vitalidad de la Iglesia en los condados de San Diego e Imperial.

  1. Temas sobre la Juventud y Familias Jóvenes: La tristeza predominantemente expresada en los diálogos sinodales fue el fracaso de la Iglesia en atraer a niños, adolescentes y adultos jóvenes. Hay una creencia generalizada de que la Iglesia no ha hecho lo suficiente para desarrollar alcances pastorales que sean significativos para las nuevas generaciones. Esta tristeza es casi un sentido de abatimiento ante la continua disminución de la participación de los jóvenes en todos los elementos de la vida católica. “La Iglesia no moderniza el Evangelio para los niños y adultos jóvenes”. “La Iglesia no realiza un buen trabajo de comunicación y conexión con la gente joven”.

Muchos participantes señalaron el gran éxito que las iglesias protestantes han tenido con los jóvenes. Los participantes sugirieron prácticas que la Iglesia católica podría adoptar para involucrar a los niños y adolescentes sin adoptar necesariamente algunas de las formas de culto más intensas en las que se ve la influencia de la cultura pop adoptadas por ciertas iglesias evangélicas. Muchas personas mencionaron las estrategias que se han iniciado de manera individual en la diócesis: Misas para adolescentes y adultos jóvenes seguidas por cenas o reuniones sociales. También sugirieron un mayor esfuerzo por modernizar el Evangelio a la vez que se respete su integridad. El comentario de un participante capturó este punto de vista: “Actividades de acompañamiento, retiros de jóvenes, noches de alabanza, estudios de Biblia para jóvenes y sesiones de intercambio para lograr que los niños pequeños vengan a la Iglesia, hagan amigos, establezcan conexiones con mentores para que permanezcan en la Iglesia y eventualmente, en el futuro, ofrezcan su servicio”.

No todos los participantes que hablaron sobre el problema de atraer a adolescentes y adultos jóvenes culpan a la Iglesia. Muchos asumieron la responsabilidad y mencionaron que no han dado suficiente testimonio y apoyo a sus propios hijos en la fe. “De niño fui monaguillo, pero de adulto no acudía a Misa de manera regular, ni participaba. Ahora me doy cuenta de que debido a eso mis hijos no tienen esa tradición y vida de fe. He encontrado una nueva vida en la fe y rezo el rosario, pero si me arrepiento de haber fallado en el pasado”.

Algunos de los participantes también expresaron alegrías acerca de testificar y participar en los esfuerzos de la Iglesia para involucrar a los adolescentes, adultos jóvenes y familias jóvenes. Un número significativo de padres habló del tremendo apoyo que las escuelas católicas brindan a la fe de los jóvenes. Al mismo tiempo hubo muchos comentarios sobre la desigualdad de clase causadas por el alto costo de las colegiaturas, y muchos padres señalaron que las escuelas católicas generalmente no han podido ayudar a los estudiantes con necesidades especiales. Los sacrificios de los maestros de educación religiosa también se mencionaron en muchos de los grupos pequeños.

2. Indignación por los Escándalos de Abuso Sexual del Clero: La intensidad de las emociones expresadas en el tema de abuso sexual por parte del clero a menores fue profunda y generalizada. “Se permitió que el abuso sexual se saliera de control y destruyera a la Iglesia y a las personas que aman la Iglesia”. “Los escándalos de los sacerdotes hacen muy difícil el atraer a personas a la fe y al mismo tiempo requieren que defendamos la fe”. Los participantes señalaron que “fue el encubrimiento realizado por los obispos, más que los casos individuales, lo que los decepcionó, y ver el mismo nivel de encubrimiento expuesto no solo en una diócesis o en un país, sino en todo el mundo, fue particularmente decepcionante”. Existe una percepción casi universal de que los obispos fueron el núcleo de los patrones de abuso y reasignación porque los obispos se pusieron del lado de los sacerdotes culpables en lugar de salvaguardar a los niños y jóvenes.

3. Inclusión y Aceptación versus Fuerza Doctrinal: Los diálogos sinodales revelaron una profunda división entre la comunidad católica sobre los temas de aceptación versus conformarse con las reglas. Esta división es un reflejo de los elementos culturales y políticos que existen en nuestra sociedad. Pero toma una forma específica dentro de la vida de la Iglesia.

Aquellos que buscan una mayor aceptación de la diversidad y estilos de vida generalmente señalaron el sufrimiento y escándalo generado por la exclusión de ciertos grupos en la vida de la Iglesia. El papel de la mujer se discutió con frecuencia como un ejemplo de exclusión. Muchos hombres y mujeres dijeron estar en desacuerdo con la idea de que la Iglesia no ordena a mujeres o permite que los sacerdotes se casen, y estos mismos participantes señalaron una historia y cultura de otorgar un estatus secundario al grupo que forma la mayoría de los creyentes y voluntarios en la Iglesia.

La comunidad LGBT obtuvo aún más atención que las mujeres por parte de aquellos que abogan por hacer un mayor esfuerzo por incluir a los individuos marginados en la Iglesia. A veces el apoyo a la inclusión exhibió una letanía de incidentes pasados ​​de exclusión, intolerancia y sufrimiento a causa de las enseñanzas y prácticas de la Iglesia. Se expresó apoyo por los esfuerzos de la Iglesia de invitar a los católicos LGBT al corazón de la Iglesia en este momento, pero tristeza de que estos esfuerzos no estén más amplia y profundamente arraigados.

El comentario de un participante es típico de quienes buscan una mayor aceptación en la Iglesia: “Espero que nuestra Iglesia pueda aceptar a cualquier persona y no que diga o indique ‘no eres parte del grupo’. Quisiera que nuestra Iglesia aceptara a cada uno por quienes son. Quisiera que nuestra Iglesia no juzgara a las personas, puesto que no estamos en sus zapatos, sino que por lo contrario pueda aceptarlos y hacerlos sentir que pertenecen”.

El contrapunto a este llamado generalizado a una mayor inclusión en la vida de la Iglesia es la creencia de muchos de que la enseñanza católica ha cedido demasiado en el momento actual y se ha vuelto demasiado indulgente. “La Iglesia no parece tener un mensaje claro sobre aquellos a quienes les atraen las personas del mismo sexo o LGBT”, dijo un participante. “No hay una guía clara sobre ese tema”.

Muchos participantes expresaron la opinión de que la doctrina de la Iglesia es bastante clara en los temas debatidos, pero el liderazgo actual de la Iglesia ha oscurecido intencionalmente esa enseñanza sobre temas LGBT y otros temas, incluido el aborto. Estos católicos expresaron preocupación de que el Papa Francisco haya introducido una ambigüedad corrosiva en el corazón de la doctrina moral católica, fueron muy críticos con el obispo McElroy por la misma razón.

Los participantes que compartieron este punto de vista se preocupan de que la doctrina católica se encuentre tambaleando, y proponen agudizar la línea entre la Iglesia y la sociedad secular puesto que consideran que esto tendría un efecto revitalizante para la comunidad católica.

4. Problemas Pastorales: Al mismo tiempo, un número significativo de hombres y mujeres en las sesiones sinodales mencionaron experiencias dolorosas sobre la falta de sensibilidad del párroco o rechazo de los sacramentos por parte de los sacerdotes. Muchas de estas experiencias se dieron con individuos que pasaban por una gran pena o sufrimiento en sus vidas o las de sus familias. Momentos de indisponibilidad para visitas médicas o funerales, sacerdotes que son bruscos en las bodas o que ponen demasiado énfasis en el pago de dinero por los servicios, todos restan valor al testimonio del sacerdocio que la Iglesia valora. En las sesiones del sínodo surgieron muchos llamados para mejores homilías, homilías que sean pastorales y edificantes. Varios participantes plantearon la cuestión de que diferentes sacerdotes dan consejos pastorales contradictorios sobre cuestiones morales.

En cuanto a los comentarios sobre los obispos de los Estados Unidos, los participantes fueron altamente negativos. Muchos culpan a los obispos por los errores garrafales de la crisis de abuso sexual del clero. Piensan que el episcopado ha contribuido enormemente a una cultura de clericalismo.

Al mismo tiempo, los diálogos señalaron patrones de marginación dentro de la vida comunitaria de la Iglesia. Los participantes sin hogar y encarcelados reflejaron la creencia de que son juzgados y excluidos en muchos niveles dentro de la Iglesia. El tema del favoritismo dentro de las comunidades parroquiales y dentro del presbiterio es fuente de fricción. El estatus económico y legal, así como la raza son percibidos por muchos como razón para un trato de segunda clase en todos los niveles de la Iglesia. Algunas religiosas mencionaron situaciones tanto históricas como contemporáneas en las que habían sido marginadas por el clero. Los sacerdotes están agobiados por el estigma de la crisis de abuso sexual, y sienten que empaña a todos los sacerdotes.

Las divisiones ideológicas de la actualidad están trágicamente presentes en las comunidades parroquiales, dejando a individuos que van desde defensores del Laudato Si hasta familias que enseñan en casa con la sensación de que son sospechosos por elementos significativos de la comunidad parroquial. A pesar de que la enseñanza social católica exige una dedicación a la amplia gama de temas que son moralmente apremiantes en el momento presente, existe un desacuerdo sobre lo que esto significa. Muchos participantes creen que la preeminencia del aborto como un mal moral en nuestra sociedad constituye un reclamo primordial sobre la conciencia católica; estos hombres y mujeres ven la lucha por la protección legal de los no nacidos como un asunto meramente moral, no político. El grupo compensatorio en las parroquias ve la pobreza, la raza, la inmigración y el medio ambiente como un conjunto igualmente importante de temas que deben abordarse en la sociedad.

Siguientes Pasos

Inmediatamente después de haber terminado los diálogos del sínodo, las comisiones reconocieron que debe haber un seguimiento oportuno de los principales problemas que surgieron en nuestras parroquias y a nivel diocesano. Durante los diálogos muchos participantes expresaron miedo a que las conclusiones de las sesiones de escucha simplemente se guardaran en un cajón; miedo a que no se diera un seguimiento sustancioso. Las comisiones sintieron que había un gran peligro de que esto ocurriera, especialmente porque el proceso global apunta a la culminación del sínodo y una exhortación apostólica en 2024.  Los miembros de la comisión concluyeron que habría una acción rápida en cuanto a ciertos temas locales que surgieron en cada parroquia y a lo largo de la diócesis. Por esta razón, cada parroquia deberá identificar dos temas importantes que se mencionaron en los diálogos de su parroquia con la intención de atenderlos el próximo otoño.

El Consejo Pastoral Diocesano se basará en los mandatos del diálogo para establecer metas concretas para la acción inmediata. Esto no solo proporcionará reformas sustantivas a distintos elementos de nuestra vida parroquial y diocesana; también brindará oportunidades adicionales para llevar las características de sinodalidad a los procesos de planificación y toma de decisiones pastorales parroquiales y diocesanas. De igual manera, proporcionará una retroalimentación directa a los diálogos sinodales de grupos pequeños.

Finalmente, hacemos un llamado a la Iglesia Universal de abordar durante este proceso sinodal cuestiones clave que dividen a nuestra Iglesia local: la inclusión de comunidades LGBT, así como el estatus de las mujeres. Debemos presionar para que se profundice el compromiso con la enseñanza social católica para que el aborto, el cuidado de la creación, la raza, la desigualdad económica y la inmigración se aborden de manera significativa. Tenemos que unificar la división percibida entre inclusión y fidelidad doctrinal que ha surgido en la Iglesia. Debemos crear una perspectiva verdaderamente pastoral que renueve nuestras prácticas en cuanto a matrimonio y vida familiar, así como participación sacramental. Debemos fortalecer la formación en la fe de los adultos, y tenemos que forjar nuevas redes para la evangelización de la cultura y del mundo.

 

 

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