Diferentes Caminos Conducen al Diaconado en el ‘Tiempo de Dios’

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El 1 de junio, el cardenal Robert W. McElroy ordenará a cuatro hombres al diaconado permanente durante la Misa de 10 a.m. en la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, 2766 Navajo Road, El Cajón, 92020. La Misa será transmitida en vivo a través de sdcatholic.org.

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EL CAJON – El sábado, 1 de junio, el cardenal Robert W. McElroy ordenará a cuatro hombres de la localidad al diaconado permanente durante la Misa de 10 a.m. en la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia. Aquí se los presentamos:

Mario Díaz
Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, Chula Vista
Durante mucho tiempo, Mario Díaz era un “católico tibio”, como él mismo lo describe.
Díaz atribuye a su esposa, Esther, y a su “súper devoto” suegro el haberle ayudado a profundizar su compromiso con la fe.
Hace unos 30 años su párroco los invitó a él y a su esposa a dirigir las clases de preparación para el bautismo de la parroquia.
“Fue como pedirle a un niño de 5 años que hiciera una endodoncia”, bromeó Díaz, de 64.
En ese camino la pareja se convirtió en “expertos” del bautismo, pero sobre todo Díaz asegura haber aprendido mucho sobre varios aspectos de la fe.
“El diaconado no era algo que yo estuviera buscando; el diaconado me buscó a mí”, dijo quien trabaja como arquitecto de sistemas empresariales para Cisco.
En una comunidad cristiana de solo ocho parejas, a la que él y su esposa han pertenecido durante más de dos décadas, surgió por primera vez el estímulo para considerar el diaconado permanente. A lo largo de los años, dos diáconos del grupo persistieron con la idea, sin dejarse desanimar por el rechazo inicial, hasta que finalmente organizaron una reunión con el párroco.
“Una vez que mi esposa y yo tuvimos nuestra reunión con el párroco, todo sucedió bastante rápido”, aseguró.
Aunque en realidad su recorrido no fue un camino directo hacia la ordenación.
“Nos dimos de baja del programa de formación después de tres años y medio”, recordó Diaz. “Cuatro años después regresamos y, ahora, estamos casi en la recta final. Como todo, esto ocurre en el tiempo de Dios, no en el nuestro”.
“No puedo creer que será ordenado diácono”, dijo. “Muestra que con el Espíritu Santo todo es possible. Estoy consciente de que ser diacono conllevará bastantes sacrificios, pero no me cabe la menor duda de que esto será lo más gratificante que haya hecho en mi vida”, comentó.
Mario y Esther Díaz han estado casados durante 43 años y tienen dos hijos. Han sido miembros de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe en Chula Vista durante unos 45 años.

Don Meziere
Parroquia de Santa María, Escondido
Durante más de 20 años a Don Meziere, de 55 años, le preguntaban si alguna vez había pensado en convertirse en diácono.
Meziere compartió que poco a poco fue reflexionando y contemplando esos mensajes.
En 2012, un amigo cercano ingresó al programa de formación diaconal, y Meziere confesó sentirse “como el hermano menor, que se queda frente a la puerta de su casa viendo a su hermano mayor irse a la guerra”.
Seis años más tarde, el párroco invitó a los Meziere a cenar y les pidió “directamente” que solicitaran la entrada al programa.
“Esa fue la invitación que ya no pudimos ignorar, posponer o evitar”, comentó Meziere, quien junto con sus dos hermanos dirige Meziere Enterprises, Inc., empresa que diseña y fabrica piezas de automóviles de alto rendimiento. “Era momento de comenzar el trabajo de discernimiento, así que eso hicimos”.
Meziere dijo que el proceso de formación lo reto de maneras que nunca hubiera imaginado, entre otras cosas, lo expuso a una variedad de apostolados.
Un diácono es “ordenado para ser el ‘corazón servidor’ de Jesús para la Iglesia y para el mundo”, comentó Meziere,
“Realmente espero poder estar allí de una manera significativa para cualquiera que esté en un momento de conversión; estar ahí cuando nuestro Dios, que es toda bondad y belleza, atraviesr la dureza de nuestras vidas y revele a la profundidad del corazón humano que somos amados”, agregó
Don e Yvonne Meziere se casaron hace 29 años en la Iglesia de Santa María en Escondido. Aunque asistieron a la Parroquia de San Esteban en Valley Center durante 19 años, han sido feligreses de Santa María desde 2016.

Víctor M. Villagómez
Parroquia de Nuestra Señora de Monte Carmelo, San Ysidro
Los padres de Víctor M. Villagómez enfatizaron la importancia de asistir a Misa de manera regular y confesarse.
“Cuando me casé continué asistiendo a Misa los domingos, pero esta vez con mi esposa, Teresa”, recordó Villagómez, de 58 años. “Era parte de la vida de ambos”.
Durante 20 años la pareja sirvió como catequistas en la Parroquia de Nuestra Señora de Monte Carmelo en San Ysidro.
Fue un sacerdote colombiano que solía visitar dicha parroquia en diciembre quien primero le sugirió que considerara el diaconado permanente.
La respuesta de Villagómez en ese momento fue: “¡No, eso no es para mí!”
Su posición no cambió un año después cuando el sacerdote hizo su siguiente visita y repitió su sugerencia, pero cuando su propio párroco lo animó a contactar a la Oficina del Diaconado Permanente, aceptó hacerlo, aunque aún no creía tener una vocación.
Fue durante un retiro en el aspirantado “donde me di cuenta que Dios me estaba”, dijo quien se jubiló hace año y medio del Departamento de Desarrollo de Empleo de California.
Como diácono “puedo mostrar a creyentes y no creyentes que Dios es amor, siempre, a través de mis acciones; que Dios es bueno, todo el tiempo, a través de mis palabras y dar testimonio de ser amado por Dios”.
Víctor y Teresa Villagómez han sido miembros de la Parroquia de Nuestra Señora de Monte Carmelo en San Ysidro durante 29 años.

Brian Anthony Wong
Parroquia de San Antonio de Padua, Imperial
La madre de Brian Anthony Wong deseaba que al menos uno de sus cinco hijos varones se hiciera sacerdote.
“Lamentablemente, ninguno de nosotros recibió el llamado”, dijo Wong, de 64 años, quien, no obstante, recibirá el sacramento del orden sagrado este mes como uno de los cuatro hombres ordenados al diaconado permanente.
Wong creció en una familia católica que creía en el apoyo a la Iglesia y en la participación parroquial activa. (Sus padres desempeñaron un papel importante en la fundación de la escuela secundaria católica Vincent Memorial, que se construyó en un terreno de su propiedad).
“Aprendí desde muy temprano a servir a Cristo en la Iglesia y a tener un espíritu de servicio siendo activo en mi fe”, dijo Wong, quien entre otras cosas ha servido en el ministerio de jóvenes y adultos jóvenes.
En 2006, su entonces párroco, el padre James Bahash, le planteó el tema del diaconado.
“Entendía que, si este sacerdote había visto algo en mí, tenía que discernir a dónde me llevaría este deseo de servir a Dios”, señaló Wong, quien ha sido maestro en la Escuela Secundaria de Calexico durante los últimos 24 años.
Wong ingresó al aspirantado ese verano, pero a mitad de la formación tuvo que “tomarse un descanso”.
Durante 12 años, él y su esposa continuaron sirviendo en la parroquia. Hasta que finalmente el párroco actual, padre Danilo Valdepeñas, los animó a reingresar a la formación.
Wong describió el diaconado como “un privilegio y una bendición que me llena de gratitud”.
“Convertirse en diácono significa abrazar una vida de servicio arraigada en el amor y la humildad”, dijo.
Brian y Gloria Leticia Wong han estado casados por 32 años y han asistido a la Parroquia de San Antonio de Padua en Imperial durante casi 10 años. Sus dos hijas están activamente involucradas en el apostolado de adultos jóvenes.

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