Perspectiva

Perspectiva: No nos jubilemos antes de tiempo

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Por Monserrat Ramírez

SAN DIEGO — ¡Arriésgate! Esto es algo que mi mamá siempre me recuerda. Sin embargo, desde niña me a costado trabajo salir de mi “zona de confort”. En muchas ocasiones me detengo a hacer algo por el miedo de fallar. Desde mi graduación de la universidad he estado en la búsqueda de trabajo. Pero el miedo a ser rechazada en un trabajo me ha detenido en ocasiones a aplicar.

Mientras leía la Exhortación Apostólica «Christus Vivit»  y hubo un párrafo que me llamó mucho la atención. En el numeral 143 dice, “Jóvenes, no renuncien a lo mejor de su juventud, no observen la vida desde un balcón. No confundan la felicidad con un diván ni vivan toda su vida detrás de una pantalla. Tampoco se conviertan en el triste espectáculo de un vehículo abandonado. No sean autos estacionados, mejor dejen brotar los sueños y tomen decisiones. Arriesgen, aunque se equivoquen. No sobrevivan con el alma anestesiada ni miren el mundo como si fueran turistas. ¡Hagan lío! Echen fuera los miedos que los paralizan, para que no se conviertan en jóvenes momificados. ¡Vivan! ¡Entréguense a lo mejor de la vida! ¡Abran la puerta de la jaula y salgan a volar! Por favor, no se jubilen antes de tiempo”.

Sentí un fuerte llamado al leer esto. En muchas ocasiones me he detenido a luchar por un sueño o meta por el miedo de intentarlo y fallar. Recuerdo que antes de aplicar a la universidad decidí tomarme un año para estudiar Artes Culinarias porque tenía mucho miedo de no ser aceptada. Sentía que si me negaban la admisión ya no podría hacer una carrera. Eran muchos pensamientos que pasaban por mi mente y no me dejaban dar ese paso.

Sin embargo, con la ayuda de mis consejeros solicité entrada. Pusimos en oración en mi familia esta decisión. Si era el plan de Dios qué me ayudara a poder salir adelante, y si no era su plan qué me ayudara a discernir el camino que tendría que tomar. Cuando fui aceptada fue una emoción grandísima porque sabía que Dios me estaba llamando a no darme por vencida. Él me llevaba de su mano en este caminar.

No nos volvamos como un carro estacionado como lo dice el Papa. Estamos pasando por un tiempo difícil pero que eso no detenga nuestras ganas y alegría de luchar por nuestros sueños. Si tuviéramos la fe como un granito de mostaza pudiéramos mover montañas, como dice Mateo 17, 20.

No nos jubilemos antes de tiempo.

 

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