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Nueve hombres serán ordenados como diáconos permanentes

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(SAN DIEGO) — Nueve hombres serán ordenados como diáconos permanentes en una Misa celebrada por el obispo Robert McElroy el 18 de junio en la Iglesia de St. Thérèse of Carmel. La ceremonia será transmitida en vivo a través de sdcatholic.org. He aquí las historias de cinco de ellos.

Víctor García

Parroquia de San Francisco de Asís, Vista

Hace 10 años, Víctor García sufrió una embolia que le afectó el cuerpo y la memoria. “Meses más tarde tuve una recuperación milagrosa. Creo que Dios estaba preparándome para servirlo”, dijo quien se retiró en 2009 después de ser gerente de Kentucky Fried Chicken durante 35 años.

Una vez retirado, García comenzó a ir a Misa diariamente. Un día el párroco le dijo que había estado rezando por vocaciones y que creía que él la tenía.

Durante el programa de formación, García fue asignado a diferentes ministerios cada año, tales como prisión, hospital y hospicio, así como servicio a los pobres. Esto lo ayudó a crecer espiritualmente y en autoconocimiento.

“Es un honor ser utilizado por Dios para servir a su pueblo”, comentó.

García y esposa, Mónica, han estado casados durante 45 años; tienen tres hijos. Han sido miembros de la Parroquia de San Francisco de Asís en Vista durante 34 años.

David González

Parroquia de Nuestra Señora de Monte Carmelo, San Ysidro

David González no fue siempre un católico devoto, pero hace 29 años comenzó a asistir a misa de manera regular.

Su parroquia se convirtió en más que un lugar para cumplir con sus obligaciones dominicales, él y su esposa se unieron al movimiento de parejas, así como otros ministerios y fue entonces que comenzó a considerar su vocación.

González, quien durante 25 años trabajó en la imprenta, niega ser especial, “solamente escuché el llamado, lo reconocí y lo atendí”.

Él y su esposa, Elvia, han estado casados durante 29 años; tienen dos hijas. Han sido miembros de la Parroquia de Monte Carmelo durante 22 años.

Carlos Morales

Parroquia Cristo Rey, San Diego

Carlos Morales es supervisor de una pequeña empresa de mantenimiento de jardines en el norte del condado, ha trabajado allí durante tres décadas.

Aunque siempre aspiró a encontrar una manera de ayudar a su comunidad, hacerlo como diácono no era parte del plan. Admiraba a los que dedicaban su vida al servicio de Dios, pero la idea de unirse a ellos le parecía “casi imposible”.

“El proceso de formación no termina con la ordenación, sino que es un proceso de por vida”, dijo.

Morales aseguró que la aceptación y las oraciones de la comunidad han sido un gran apoyo durante su formación.

“Saber que cuento con el apoyo de mi comunidad es muy importante”, explicó. “¿Qué sería de un diácono sin una comunidad a la cuál servir?”.

Morales y su esposa, Gloria, han estado casados durante casi 34 años; tienen dos hijos. Han sido miembros de Cristo Rey durante 24 años.

Jaime Roque

Parroquia de San Miguel, San Diego

Durante mucho tiempo, Jaime Roque no se distinguió como miembro de la Parroquia San Miguel en San Diego, donde está registrado desde 1987. Se describió a sí mismo como un “feligrés invisible”.

A finales de 2015, los médicos le dieron a su esposa tres semanas de vida. Si bien Dios le concedió otros 13 meses, Roque consideró que “esa extensión no era para ella. Era para mí, para conocerlo mejor”.

Roque comenzó a involucrarse más en su parroquia, incluso como sacristán, lector y ministro extraordinario de la Sagrada Comunión.

“La Iglesia se convirtió en mi segundo hogar, sirviendo en cuatro o cinco misas todos los domingos”, dijo el veterano de la Marina de EE. UU. jubilado a principios de 2020.

Finalmente, cuando se le pidió que considerara el diaconado, decidió decir sí una vez más.

“Puedo decir que no estaba muy cerca de Dios (al principio de mi vida), pero fui muy bendecido porque Él no se rindió en llamarme para servirle”.

Roque y su difunta esposa, Corazón Arasula, estuvieron casados ​​durante 33 años; tienen una hija. Ha sido miembro de la parroquia de San Miguel en San Diego durante unos 35 años.

Daniel Sánchez-García

Parroquia de San Francisco de Asís, Vista

Daniel Sánchez-García fue alimentado por la Palabra de Dios cuando aún estaba en el útero.

Cuando su madre estaba embarazada de él, leía la Biblia todas las noches. A medida que crecía, ella continuó compartiendo sus historias con él.

“Puedo decir que mi fe en Dios siempre ha sido mi ancla y ha guiado mi camino hacia Dios y hacia la invitación para convertirme en (miembro del) diaconado”, dijo Sánchez-García, quien ha trabajado como personal de mantenimiento durante 33 años.

Cuando sintió por primera vez que Dios lo llamaba al diaconado, no se lo dijo a nadie. Sin embargo, aproximadamente un año después de que sintió por primera vez ese llamado, su párroco lo invitó a considerar ingresar al programa de formación.

Considera que el diácono debe “servir a su parroquia y a su comunidad en las necesidades de sus hermanos y hermanas dentro y fuera de su parroquia”. Espera continuar enseñando las clases del Rito de Iniciación Cristiana para Adultos, pero está abierto a servir donde Dios quiera.

Sánchez-García y su esposa, Julie, han estado casados ​​por 32 años; tienen tres hijos. Han sido miembros de la Parroquia San Francisco de Asís en Vista durante 19 años.

 

 

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