Felicidades a dos sacerdotes nuevos

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POWAY — El cardenal designado Robert McElroy destacó el amor de Dios en forma del Buen Pastor durante la ordenación de dos hombres al sacerdocio en la Iglesia de San Gabriel el 24 de junio.

Brad Easterbrooks, de 37 años, y Guillermo “Memo” Hernández, de 30, fueron acompañados por familiares, amigos, y docenas de sacerdotes y miembros de la comunidad Católica en este día tan especial.

Antes de comenzar la homilía, el cardenal designado McElroy señaló que entre los asistentes se encontraba el arzobispo Timothy Broglio, de la Arquidiócesis para Servicios Militares, así como los obispos auxiliares John Dolan y Ramón Bejarano.

“Este es un momento único en la historia de nuestra diócesis”, comentó el Cardenal designado.

“Salomón parecía enseñarnos que el bebé no se puede dividir en dos, pero hemos encontrado una manera”, dijo mientras los asistentes se reían.

Explicó que Easterbrooks estaba en la Naval cuando ingresó al seminario. Bajo un acuerdo conjunto, la diócesis y la arquidiócesis compartieron su formación y compartirán su vida como sacerdote.

Primero servirá en la diócesis, después servirá a los militares en la arquidiócesis, y posteriormente regresará a la diócesis.

“Le doy la bienvenida a una mitad tuya Brad”, bromeó el Cardenal designado. “El arzobispo tendrá que darle la bienvenida a la otra mitad. A ti Memo te doy la bienvenida completa, ¡porque eres todo nuestro!”.

La primera lectura de la ordenación fue de la parábola del Buen Pastor (Ezequiel 34:11-16), quien cuida de sus ovejas, y sale en busca y trae de regreso al rebaño a una oveja que se había perdido.

“Ninguna imagen en el Evangelio es más cautivadora que la del Buen Pastor”, comentó el cardenal designado McElroy. “Tan exigente en su entrega de sí mismo por el bien del pueblo de Dios; tan humano en su expresión de un cuidado que es permanente, nutritivo y protector; y tan individual en su expresión del amor divino que es el cuidado de nuestro Padre.”

Compartió tres dimensiones del amor del pastor tanto como un desafío como un “consuelo incalculable para ustedes al aceptar el llamado del Señor”, les dijo a los nuevos sacerdotes.

La primera dimensión de la vida de un pastor es que tiene una cantidad inimaginable de gracias y alegrías, agregó.

“Cada nuevo sacerdote es ordenado con algunas expectativas sobre cómo se desarrollará el sacerdocio en su vida, cómo sus fortalezas y talentos pueden contribuir al servicio de la Iglesia de Dios, cuál será la trayectoria de su vida y misión. Pero el sacerdocio en sí tiene sus raíces en una entrega a Dios, al Dios que constantemente asombra y que revela maravillas que están más allá de todas nuestras ideas preconcebidas”, continuó.

“En los momentos en los que ustedes serán instrumentos de la gracia transformadora de Dios, y en los momentos mucho más frecuentes en los que serán simples testigos de la gracia divina desarrollándose ante ustedes en la fe de los hombres y mujeres con quienes se encontrarán y quienes les abrirán sus almas en la confesión o en busca de consejo, revelando el heroísmo y la nobleza del espíritu humano, buscando vivir rectamente frente a desafíos abrumadores…En todos estos momentos y más, sus vidas se enriquecerán en una alegría arraigada en la vocación del sacerdocio y el amor del Buen Pastor”.

La segunda dimensión de la identidad del Buen Pastor que señaló fue el llamado a dar testimonio de los sufrimientos de Cristo.

“Todo nuestro sacerdocio al predicar y celebrar los sacramentos… debe tener un enfoque inquebrantable en Jesús que sufre por nosotros y la gloria de la Resurrección a la que apunta”.

Agregó que el sacerdocio es una vida llena de inmensas alegrías, pero también muchos momentos difíciles.

“Un verdadero pastor sólo puede comprender el dolor de su pueblo si acepta que habrá momentos cuando el llamado a ir a buscar a la oveja perdida requiere de inmensos sacrificios y dedicación”.

«Y habrá momentos en sus vidas en los que se den cuenta de que ustedes mismos están perdidos y necesitan de la ayuda de Dios en la vida de la Iglesia”.

La tercera dimensión del Buen Pastor es meramente una de esperanza.

“Es la esperanza cristiana la que les permitirá pastorear al pueblo de Dios con confianza y cariño. Es la esperanza cristiana la que los encaminará a comprender que en su sacerdocio, aun en esos momentos en los que Dios parece distante, Él está profundamente con ustedes. Y es la esperanza cristiana la que les permitirá salir al mundo en busca de la oveja perdida”.

El Cardenal designado les dijo a los hombres que al asumir el sacerdocio se estaban convirtiendo en instrumentos de Dios.

“Que el Señor, quien es nuestro verdadero Buen Pastor, sea su modelo, guía y gracia constante”.

Este verano el padre Easterbrooks servirá en la Parroquia de la Santísima Trinidad en El Cajón, mientras que el padre Hernández estará sirviendo en la Iglesia San Judas  en San Diego. Ambos regresarán a Roma en el otoño para terminar con sus estudios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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